38 años en la Universidad, de 1976 a 2014.
1º de estudiante, 2º de investigadora. Desde 1987 la investigación universitaria fue mi oficio. Trabajo no reconocido para pensión de vejez. Se puede llegar a viejo enlazando becas de investigación.
He llegado a lo mas alto de la Academia, y envejezco en lo más bajo de la Economía. Pero no me arrepiento de esta dedicación: lo intenté.
En sept. 1976 ingresé en la Univ de Salamanca. Facultad de Medicina. Fue un cambio brusco y malo, del colegio a la masificacion. Con unas condiciones académicas desastrosas.
Aulas en 3 edificios. Uno centenario. La mayoría aulas escalonadas, algunas de vértigo. Que mal se veía y se escuchaba en algunas.
Hasta 1200 personas en un aula, 1/3 sin asiento. Se sentaban los mas fuertes y los amigos de estos. Gran enchufismo y corrupción académica. Los profesores miraban los apellidos. Si los padres de uno no eran conocidos gran dificultad para buenas notas.
Alguno de ellos, favorecido, luego triunfó. No importaba tanto la aptitud y el saber como los apoyos familiares.
Escuché un caso impactante. Pusierona operar a un joven médico recién incorporado (hijo de alguien importante = un favorecido). Este corto la arteria aorta del paciente. Salió un fuerte surtidor de sangre que impactó en el techo del quirofano. El paciente murió rápido.
Oía a mis compañeros hablar con frivolidad. Ej. "Ya aprenderé cuando mate a 4 o 5 pacientes" !Me daba náusea aquel desprecio por la vida de otras personas!
Algunos compañeros también reprobaban aquella forma despreocupada de enfocar la profesión. Éramos los menos y callabamos. Si no se era importante mejor ser discreto.
Unas cuantas chicas iban solo para pescar algún buen partido, alguien de buenas ganancias. Y de familia adinerada, si era posible. Se arreglaban mucho, se pegaban a sus candidatos. Algunos parecían reyes o sultanes con sus cortes.
Una engancho a un joven, y atractivo, profesor. Ella no pasó de 1º curso. Fue muy rápida. El fue destinado a Granada como catedrático. Y la "lista" le acompañó, ya bien casados. Se comentó en toda la Universidad durante años.
No hice amigos, me limite a estudiar y soportar las clases con resignación.
A los 25 años de terminar el colegio algunos triunfadores ya no lo eran tanto. Una compañera (privilegiada y brillante) estaba muy enferma. Le había dado un infarto cerebral. Estaba jubilada por minusvalía: no se movía bien, se le entendía mal al conversar. Demasiado trabajo y avatares para aquel pequeño cuerpo.
Dos o tres excompañeros habían muerto. La mayoría resultaban irreconocibles. Un amable señor calvo nos enseñó fotocopia de la orla "Este soy yo", decía por un chaval melenudo.
Las explicaciones profesorales eran con tizas de colores, borrador y en pizarra. A veces micrófono. Muchos profesores eran hábiles con los dibujos. Y los alumnos igual en sus cuadernos. Yo no dibujaba mal.
Los 2 primeros cursos los pasé bien, aunque con esfuerzo. Más en la asistencia a clase que en el estudio.
Las prácticas en hospital clínico universitario, en pequeños grupos (4 a 6 alumnos) eran lo mejor para mi. Algunos no desconectaban de la visión de paciente a médico. Yo si, recordaba la teoría.
Las clases eran una tortura. Luchar por encontrar asiento, incluso un buen apoyo para tar apuntes.
Y soportar a los fumadores del entorno. Al fumar gran parte de las mujeres, los hombres fumadores no respetaban a las no fumadores. Y no se les podía decir que no fumaran. Las mujeres las peores. Les dio por considerar que tragarse y echar humo las liberaba.
!Malditas fumonas! Me acatarre y cogí infección de las vías respiratorias altas. Y desde entonces tengo congestión de nariz crónica con dificultades para respirar.
Solo podía pensar en que el fumador mas cercano acabará el cigarro. Pero encendía otro.
Repetí tercer curso. El humo iba a llegarme a los pulmones. O tener cáncer de nariz, como mi padre, por lo mismo la contaminación del entorno. Y dejé la carrera.