La colocación en el bachillerato era alfabética, por apellidos. No recuerdo como nos colocaban en Primaria, pero creo que era igual.
En época de mamá, y antes, colocaban a los niños por sus dotes intelectuales y docilidad. Mamá solía estar en la segunda fila. Al fondo las "holgazanas", les llamaban así. Las niñas menos espabiladas y menos predispuestas para aprender. Sorprende ese trato, en una escuela pública y en la República.
Antes de la Democracia era fácil impartir docencia, decían los profesores. Los alumnos estábamos más o menos atentos, respetabamos al profesor (aunque no nos gustase) Era fácil y gratificante ser docente. Los profesores preferian dar clase a niñas decían 5que éramos mas dóciles.
Ni a mamá ni a mi nos tocó disciplina física. Estaba prohibido pegar a los niños, al menos en la Escuela Pública a la que asistió mamá, y en todas las escuelas en mi tiempo.
A la abuela le tocó la escuela de entre siglos (XIX y XX) Había castigos corporales. Algunos maestros pegaban sin ton ni son. Peores eran los centros religiosos, y zona de pobres.
La monja maestra era tan mala que Paquita no lo pudo aguantar, dejó el colegio sin aprender a leer y escribir.
A los chicos les pegaban hasta en la zona de pago. Años 20. Llegó Nestor a casa con las orejas coloradas. Marcos, el padre llevó al niño y pidió hablar con él director. Y este reprendio al cura profesor, un frustrado que manejaba una vara e incapacidad sus sucias uñas en la carne de los niños.
Con la II República mejoró el Sistema Público Escolar, aumentó el número de plazas escolares y el sistema de enseñanza se hizo laico
Mamá y su hermano Fernando, un año menor, fueron apuntados por su madre, Paquita, un año antes, en las Escuelas de Doña Juana Madroñero, de Logroño, que tenían muy buena fama.
Ya sabían leer y escribir, gracias a su hermano mayor, Nestor, y al padre. Les tocó la Guerra Civil. Apreciaban a sus maestros.
En mi tiempo casi volvieron las malas prácticas escolares. Contaban que algunos profesores se saltaban la prohibición de pegar a los chicos.
A las chicas nos torturaban con castigos colectivos. Alguna alumna hacía una trastada y hasta que no apareciera la truana, o pasado largo tiempo no lo levantaban.
Había pacto de silencio entre las niñas. Luego reprendiamos a las revoltosas. A mí nunca me castigaron personalmente.
Esto era más frecuente en colegios de monjas. Decían las niñas que la mayoría de monjas no estaban allí por vocación sino porque las había dejado el novio y no encontraban otro para casarse, o porque eran muy feas.
También había monjas de aspecto angelical, 2 eran jovencitas, guapas y buenas y nosotras las respetabamos más que a las viejas y con más responsabilidad en el colegio.