Escuelas y colegios

 Al principio de la obligatoriedad no había suficiente dotación de plazas escolares públicas. La iglesia Católica encontró en la Educación una buena manera de fidelizar gente afín al credo. Y fue a la vanguardia de la Enseñanza.

En las primeras décadas de la Ley Moyano (1857) la Iglesia Católica ofertó plazas gratuitas para niños pobres. Lógicamente la educación no era tan buena como en la zona de pago. Y el trato a los niños dejaba mucho que desear.

Nestor y María (1925 o 1926)

Por ello Marcos y Paquita pagaron para que su hijo Nestor (n. 1919) aprendiera en un colegio de frailes. Entonces empezaban la Escuela a los 6 años. Es de suponer que Marcos, el padre, ya habría iniciado al niño en lectura, escritura y cálculo. El chico era muy listo. Tuvo buenos libros y  maestros (excepto algún cura tiránico)

Los pequeños: María (n. 15 dic. 1924) y Fernando (n. 26 de marzo 1926) tenían que ir a escuela gratuita. Paquita era analfabeta, pero muy lista. Apuntó a los niños un año antes de su ingreso, en las Escuelas de Doña Juana Madroñero (Logroño) que tenían muy buena fama. Estaban en la zona de la fuente de Marqués de Murrieta.

Paquita con sus hijos menores.


María y Fernando llegaron con 7 y 6 años. Debía de ser 1932 (II República española) Ya sabían leer, escribir y contar, porque les había enseñado Nestor, que era un chaval muy buen maestro (buen hijo y hermano)

Mamá tenía muy buenos recuerdos de la época escolar, aunque le tocó la Guerra Civil. Recordaba con cariño a todas sus maestras y aprendió tanto y tan bien, que me ayudó en los estudios hasta 2º curso de Bachillerato, inclusive. 

Durante la Guerra Civil (1936-1939) la parte de chicos fue convertida en un polvorín de militares italianos (que ayudaban a los nacionales. Logroño quedó bajo mando Nacional inmediatamente, como cuento en el blog de historias.

Contaba mamá que los italianos eran muy simpáticos y muy "niñeros". Era fácil que se les viera con algún párvulo (niño o niña) en el regazo (los párvulos varones estaban a cargo de maestras, zona de chicas) Y les daban chucherías.

Los chicos (escolares de 6 años y mas) fueron a clases en el Instituto de enseñanza Media. Entonces no estaba tan masificado como cuando me tocó estudiar a mi (2ª mitad años 60)

Fernando también tenía buenos recuerdos de sus maestros. Se apenó profundamente cuando se enteró que a uno (maestro joven) lo habían asesinado los nacionales, por "rojo". 

Mamá terminó estudios primarios con gran pena. Era muy joven, porque cumplía los 13 años en diciembre. Una maestra le dijo de seguir estudiando un año mas, que le podía ayudar con las pequeñas.

Pero los padres la metieron a trabajar de modista. Ella tenía vocación de maestra, sintió una gran pena. Y Fernando igual, al año siguiente. Nestor también entró a trabajar con 12 años

En mi época escolar, y de Bachillerato, no recuerdo que hubiera aulas de Beneficencia en los colegios privados. Había ayudas para los niños de familias pobres, para libros y uniformes, y para otros gastos, si es que no había escuela pública (escuela nacional) cerca de sus viviendas. Y, sobre todo para familias numerosas (de 4 o mas hijos)

La dotación de escuelas públicas (o nacionales) aumentó considerablemente en la República y Régimen de Franco. El régimen autoritario siguió los planes republicanos, con su ideología conservadora lógicamente.

Los colegios privados, fundamentalmente religiosos, quedaron para niños de pago y becados. Eran de chicos (los de frailes, o curas) o de chicas (de monjas) 

Las monjas maestras no tenían tan buena formación como las maestras funcionarias, aún así estos colegios religiosos tenían mejor fama. Y es de suponer que en los colegios masculinos pasaba lo mismo. Desde luego la disciplina era más férrea.

Desde la República ya no se pegaba a los niños, había castigos colectivos y sanciones individuales (expulsión por un tiempo por alguna trastada gorda, pago de algún cristal) No se cuales porque yo nunca tuve problemas disciplinarios ni supe de alguna compañera que si los tuviera. En los colegios de chicos si que había estos problemas con frecuencia, por ello, los profesores (varones) preferían dar clase a niñas.

Los maestros de niñas solían ser sacerdotes, frailes o maestros añosos los que nos daban clase, en la pública y en la privada.

En las Escuelas Nacionales solo se estudiaba Primaria. Y si querían estudiar Bachillerato iban a algún Instituto de Enseñanza Media. En los colegios privados podía haber zona de bachilleres. Y si no lo había tenían concierto con algún otro colegio religioso. 

Las agustinas tenían clases para niñas desde preescolar a preuniversitario (luego COU) Y estas eran preferidas a las que entrábamos mas tarde. Y en los colegios de chicos igual. Si los padres eran muy ricos, devotos y donantes, los hijos eran tratados como príncipes. Seguía habiendo clases sociales con privilegios.

El Concilio Vaticano II lo notamos por el cambio de hábito de monjas y curas

Entré yo en el colegio de las agustinas en 1967, a 3º de Bach. Las monjas tenían hábitos ampulosos, con un tocado blanco, de alas almidonadas, y faldas largas y abultadas, como de María Castaña. Era el mismo que se veía en fotos de principios de siglo XX.

Al curso siguiente, 1968-1969, volvimos en octubre (el curso empezaba después del Pilar) y nos encontramos que nuestras monjas parecían llevar hábito para ir a las Misiones (a África, a Iberoamérica)

No nos gustaban nada. Les dijimos que el otro hábito infundía mas respeto. Ellas nos contestaron que el antiguo hábito era muy molesto. Si recordábamos como tenían que salir de lado por las puertas,  y mas de una vez se habían tropezado y pillado las faldas.

Y muchos curas dejaron de llevar sotana. Llevaban traje con alzacuellos blanco. Ellos si que perdían solemnidad, y hasta respeto. Los mayores siguieron con sotana algún tiempo.

¡Y luego, en los años 70! la desvergüenza: monjas a las que se les veían las ligas, de corta que llevaban la falda, destocadas con pelos sueltos. Y curas con pantalones vaqueros, bien apretados, melenita, sin distinción alguna de su condición.

Si no hubiera sido por encargarnos la limpieza de las aulas en el Instituto, hubiera preferido seguir. Era mejor la enseñanza pública, en los colegios privados se perdía mucho el tiempo. Eran un negocio, no un servicio

En los pueblos, como Cenicero, pasaba otro tanto. En Cenicero, las Escuelas Públicas impartían claramente una enseñanza primaria superior a la de las monjas. Con éstas solo aprendí los números romanos (la i vale 1, la uve 5...) Retenían a los alumnos para cobrar. 

En la clase de los mayores (mixta: chicos y chicas) tenían un niño de 8 años (Jorge) muy inteligente, y hasta el Benito, chico de 15 o 16 que parecía un hombre, chaval mas bruto que un arado. Pasando por el ligón de su hermano Javier, de 13 años, y  golfillas de 12 a 14 años que no paraban de enredar. Yo tenía 9, era de los pequeños. Me sentaba entre Jorge y el hermano menor de Benito y Javier, de 11 años. Éramos los más aplicados del aula.

Me habían tenido con las pequeñas, de hasta mi edad, perdiendo el tiempo con cosas que hacía años que sabía (tabla de multiplicar, números romanos y yo que se) Y de esta última aula no recuerdo ninguna enseñanza mas, solo lo que nos distraían los mayores a los pequeños.


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